Junta de Acción Comunal Progreso Nro. 2

Junta de Acción Comunal Progreso Nro. 2

Objetivo

Trabajo comunitario para el mejoramiento barrial.

El bus sube serpenteando por las calles empinadas, las carreras laberínticas y los pasadizos que sólo conocen el conductor y algún caminante acostumbrado a los vericuetos de la Comuna. Su trayecto concluye en un cierre de curva que hace labor de terminal donde lavan los carros a chorros de manguera, los pilotos uniformados almuerzan y se ríen entre la sopa y el seco, los motores descansan, y la tarde se pronuncia con matices marcados en la ladera del cerro. La Junta de Acción Comunal Progreso número 2 se alza pasiva al lado de ese paradero, compartiendo terreno con el Telecentro Picacho y la sede de la Corporación, con anuncio en lata pintada de verde, rojo y blanco señalando su nombre, y un jardín frontal de flores inquietas y hojas de color vivo.

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El suelo es de la Alcaldía, pero la construcción es de la gente. Al inicio, en la primera mitad de los ochenta, las reuniones se realizaban en la casa de Nohemy Jaramillo, una de esas figuras hoy tan activas como inspiradoras con el toque sereno pero férreo de ocho décadas trasegando el mundo. La personería jurídica de la Junta llegaría en 1984, constituyéndose como organización de primer grado, es decir, una unión de personas naturales asociadas por voluntad e intención de lograr la diferencia. 

Alguna luz arroja para el desprevenido la definición que la ley promulga en su tono certero: “(…) acción comunal, es una expresión social organizada, autónoma y solidaria de la sociedad civil, cuyo propósito es promover un desarrollo integral, sostenible y sustentable construido a partir del ejercicio de la democracia participativa en la gestión del desarrollo de la comunidad.” [1] Sin embargo, sus miembros hablan con un poco más de soltura, y la definen como un canal entre el gobierno y las personas que habitan la Comuna, una vía de solución a problemas cotidianos pero que afectan la calidad de vida, un genérico e incondicional “mejor venga y lo hacemos juntos”. Una escuela, diríamos, para aprender y enseñar; la propensión humana a ser alumno y profesor.

En la década de los noventa todo el sector era conocido como Santa Teresita del Niño Jesús, pero vendría la división y tomarían su rumbo Zona 30, El Triunfo, Jardín y el Mirador del Doce de Octubre. Nacería entonces Progreso número 2, con sus límites definidos como en cartografía precisa: de la calle 102 aa hasta bordear el Cerro El Picacho; de la carrera 85 hasta la rivera de la Madera, y luego por la 82 hasta girar en el paradero de la ruta Transmedellín 282, para retornar a la Madera, quebrada fronteriza entre Medellín y Bello.

Esos mismos años marcaron acciones de compromiso que les granjearon no sólo el respeto en los corredores y cubículos de Planeación Municipal, sino además la vista atenta de los otros habitantes de la Comuna: viviendas en terrenos de alto riesgo fueron intervenidas, mano a mano y con el ejercicio particular de romper el marranito de barro; se ayudó en la construcción de la Iglesia y la Escuela, y pronto llegarían los contadores de servicios públicos, titulaciones de propiedad, y las vías pavimentadas; los funcionarios aparecían con la respiración entrecortada por su primera subida a la periferia. 

Estar juntos incluso fue escudo contra la opresión de grupos armados que intentaban amedrentarlos por no hacer parte de ningún bando, pero de esas épocas quedan afortunadamente recuerdos que hoy son más anécdotas para refrendar el valor tácito de la unión comunitaria. El asunto habla de un rostro familiar: los hermanos se cuidan en las dificultades, se preocupan por cómo va todo, son respaldo y pecho para enfrentar la adversidad. 

Hoy la Junta –con las otras veinte de la Comuna Seis– conforman Asocomunal, es decir, la asociación que vincula organizaciones comunitarias. Su proyecto, fuera de continuar en el camino de la consciencia frente a la lectura de un territorio cambiante, es impulsar su unidad productiva social: Espacio Vivo. Espacio Vivo es una empresa que recibe del Taller Escuela de Alimentos los residuos orgánicos, y por medio de un proceso controlado, los convierte en compostaje, posteriormente puesto a la venta a precios bajos y en una escala artesanal; además, realiza jornadas de embellecimiento de zonas verdes, atención de puntos críticos, paisajismo, ornato, siembra y adecuación. En otra página del libro de ideas, potenciar las comisiones temáticas: deportes, salud, cultura, medio ambiente, empresarial y obras. Un ejemplo que refleja el espíritu comunal de la Junta, la apropiación de una filosofía donde el todo es prioridad.

No olvidemos en estas breves líneas los reconocimientos que bien ha sabido ganar en su historia y por su historia: en 2010 y 2013 fue condecorada como la mejor junta de acción comunal de la ciudad; además en 2013 recibió también el premio a la junta con más mujeres en su equipo de trabajo. Estos reconocimientos los otorga la Administración Municipal.

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En su discurso inaugural como presidente de Estados Unidos en 1961, John F. Kennedy pronunció una frase que alcanzó niveles casi místicos en los archivos de la oratoria: “No se pregunten qué puede hacer su país por ustedes, sino qué pueden hacer ustedes por su país”. Hoy sabemos que una junta de acción comunal es respuesta apropiada que bien valdría el esfuerzo. 

[1] Ley 743 de 2002, Título segundo, Capítulo I, Artículo 6º.